Lo que aprendimos esperando
Durante buena parte de nuestra vida cotidiana, esperar fue inevitable: una llamada, una carta, una fotografía revelada, una canción o una página que tardaba en cargar. Los móviles y la conexión permanente han eliminado muchos de esos tiempos muertos, casi siempre para mejor. Pero la psicología sugiere que no toda espera funciona igual. La anticipación puede aumentar el disfrute de algunas experiencias, mientras que la espera vacía resulta claramente molesta. Este artículo parte de un ensayo de Heather Abel para preguntarse qué aprendimos esperando y si todavía merece la pena conservar algunos pequeños intervalos sin llenar.
























































