El Proyecto Montauk: la historia real detrás de Stranger Things

Cuando Camp Hero se convirtió en leyenda

Stranger Things con­quis­tó el mun­do con su mez­cla de nos­tal­gia ochen­te­ra, niños en bici­cle­ta y mons­truos inter­di­men­sio­na­les. Sin embar­go, pocos saben que la serie ori­gi­nal­men­te se lla­ma­ría «Montauk», ins­pi­ra­da en una de las teo­rías cons­pi­ra­ti­vas más per­tur­ba­do­ras de Estados Unidos. El Proyecto Montauk es una supues­ta ope­ra­ción secre­ta del gobierno esta­dou­ni­den­se que habría teni­do lugar en Camp Hero, una base mili­tar en Long Island, Nueva York, duran­te la Guerra Fría. Según los defen­so­res de esta teo­ría, allí se rea­li­za­ron expe­ri­men­tos de con­trol men­tal, via­jes en el tiem­po y mani­pu­la­ción psi­co­ló­gi­ca con niños como suje­tos de prue­ba.

De hecho, los her­ma­nos Duffer, crea­do­res de la serie, fue­ron recha­za­dos más de una doce­na de veces antes de ven­der su pro­yec­to. Las cade­nas les pedían eli­mi­nar a los niños pro­ta­go­nis­tas o aban­do­nar la esté­ti­ca retro, pero ellos insis­tie­ron en man­te­ner esos ele­men­tos que pre­ci­sa­men­te conec­ta­ban con el mito de Montauk. La base real de Camp Hero fue comi­sio­na­da en 1942 como esta­ción de defen­sa cos­te­ra, dis­fra­za­da de pue­blo pes­que­ro para evi­tar inva­sio­nes duran­te la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente se con­vir­tió en esta­ción de la Fuerza Aérea duran­te la Guerra Fría, sien­do des­man­te­la­da ofi­cial­men­te en 1981. Por tan­to, la pre­gun­ta es inevi­ta­ble: ¿cuán­to hay de ver­dad y cuán­to de fic­ción en esta his­to­ria que ins­pi­ró uno de los fenó­me­nos más gran­des de Netflix?

El origen del mito: Preston Nichols y sus recuerdos recuperados

La teo­ría del Proyecto Montauk comen­zó con un libro publi­ca­do en 1982 titu­la­do «The Montauk Project: Experiments in Time», escri­to por Preston Nichols y Peter Moon. Nichols, quien se pre­sen­ta­ba como inge­nie­ro elec­tró­ni­co, afir­ma­ba haber recu­pe­ra­do recuer­dos repri­mi­dos sobre su par­ti­ci­pa­ción en expe­ri­men­tos secre­tos rea­li­za­dos en Camp Hero duran­te los años 70 y 80. Según su rela­to, el gobierno esta­dou­ni­den­se habría desa­rro­lla­do tec­no­lo­gía capaz de mani­pu­lar la men­te huma­na, abrir por­ta­les tem­po­ra­les e inclu­so mate­ria­li­zar obje­tos a par­tir del pen­sa­mien­to. Asimismo, Nichols ase­gu­ra­ba que miles de niños de ciu­da­des veci­nas fue­ron reclu­ta­dos para poten­ciar sus habi­li­da­des men­ta­les median­te una silla espe­cial lla­ma­da «Silla de Montauk».

El tes­ti­mo­nio de Nichols fue res­pal­da­do por otras per­so­nas como Duncan Cameron, quien decla­ró que su con­cien­cia había sido envia­da a otro cuer­po para evi­tar para­do­jas tem­po­ra­les. Cameron afir­ma­ba que el pro­yec­to bus­ca­ba sin­cro­ni­zar dos épo­cas sepa­ra­das por 40 años, conec­tan­do el supues­to Experimento Filadelfia de 1943 con los expe­ri­men­tos de Montauk en 1983. Además, la leyen­da inclu­ye la apa­ri­ción del «Montauk Monster», una cria­tu­ra que habría sur­gi­do de la men­te de Duncan duran­te el colap­so final del pro­yec­to. No obs­tan­te, los crí­ti­cos seña­lan que estos tes­ti­mo­nios care­cen de evi­den­cia veri­fi­ca­ble y se basan úni­ca­men­te en recuer­dos supues­ta­men­te recu­pe­ra­dos median­te hip­no­sis, una téc­ni­ca cues­tio­na­da por la comu­ni­dad cien­tí­fi­ca.

MK Ultra: el programa real que alimentó las conspiraciones

Si bien el Proyecto Montauk per­ma­ne­ce en el terreno de la espe­cu­la­ción, exis­te un pro­gra­ma secre­to com­ple­ta­men­te real que le dio cre­di­bi­li­dad a estas teo­rías: el Proyecto MK Ultra. Entre 1953 y 1973, la CIA lle­vó a cabo expe­ri­men­tos ile­ga­les de con­trol men­tal con ciu­da­da­nos esta­dou­ni­den­ses y cana­dien­ses sin su con­sen­ti­mien­to. El pro­gra­ma fue auto­ri­za­do por Allen Dulles, direc­tor de la CIA, el 13 de abril de 1953, con el obje­ti­vo de desa­rro­llar un «sue­ro de la ver­dad» para inte­rro­ga­to­rios y téc­ni­cas de mani­pu­la­ción men­tal. Los méto­dos incluían admi­nis­tra­ción de LSD, pri­va­ción sen­so­rial, tera­pia de elec­troshock, hip­no­sis y diver­sas for­mas de tor­tu­ra psi­co­ló­gi­ca.

MK Ultra con­sis­tió en 149 sub­pro­yec­tos que invo­lu­cra­ron al menos 80 ins­ti­tu­cio­nes y 185 inves­ti­ga­do­res pri­va­dos. La CIA finan­ció estos expe­ri­men­tos indi­rec­ta­men­te, por lo que muchos par­ti­ci­pan­tes no sabían que tra­ba­ja­ban para la agen­cia. El pro­gra­ma salió a la luz en 1975 gra­cias a los infor­mes de la Comisión Church y la Comisión Rockefeller, que reve­la­ron la exis­ten­cia de estos expe­ri­men­tos con seres huma­nos. Sin embar­go, el direc­tor de la CIA Richard Helms orde­nó des­truir la mayo­ría de los docu­men­tos en 1973, lo que dejó muchos vacíos en la infor­ma­ción dis­po­ni­ble. Por ello, la exis­ten­cia com­pro­ba­da de MK Ultra hizo que teo­rías como la del Proyecto Montauk pare­cie­ran menos des­ca­be­lla­das para quie­nes des­con­fían del gobierno.

Camp Hero hoy: entre el turismo y el misterio

Actualmente, Camp Hero es un par­que esta­tal abier­to al públi­co des­de el 18 de sep­tiem­bre de 2002. Los visi­tan­tes pue­den cami­nar por sus sen­de­ros, explo­rar res­tos de bate­rías de arti­lle­ría de 16 pul­ga­das y obser­var la icó­ni­ca torre de radar que domi­na el pai­sa­je. Sin embar­go, algu­nas áreas per­ma­ne­cen cerra­das y vigi­la­das, espe­cial­men­te las zonas cer­ca­nas a las anti­guas ins­ta­la­cio­nes de radar, lo que ali­men­ta con­ti­nua­men­te la espe­cu­la­ción. Hay pla­nes para crear un museo y cen­tro inter­pre­ta­ti­vo enfo­ca­do en la his­to­ria de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría den­tro de la torre de radar.

Paralelamente, tes­ti­mo­nios loca­les man­tie­nen viva la leyen­da. Un emplea­do del par­que lla­ma­do Doug Loffreno afir­mó al New York Post haber sido secues­tra­do y some­ti­do a expe­ri­men­tos cuan­do tenía 12 años duran­te los vera­nos de 1980 y 1981. Loffreno des­cri­bió estar acos­ta­do en una mesa con cables conec­ta­dos a su cabe­za y cal­cu­la haber vis­to has­ta 50 niños más en situa­ción simi­lar. Aunque sería fácil des­es­ti­mar estos rela­tos, el perió­di­co seña­ló que Loffreno tie­ne un tra­ba­jo esta­ble, man­tie­ne bue­nas rela­cio­nes fami­lia­res y es res­pe­ta­do por sus veci­nos. Por otro lado, el inves­ti­ga­dor Paul Fagan sugie­re que las teo­rías cons­pi­ra­ti­vas sobre expe­ri­men­tos con niños podrían haber sido plan­ta­das deli­be­ra­da­men­te para des­viar la aten­ción de un posi­ble reac­tor nuclear ente­rra­do en el lugar como par­te del Programa de Energía Nuclear del Ejército en 1958.