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Para decidir tu talla de camiseta te aconsejamos que uses una de las camisetas que ahora tienes, la extiendas plana y midas como te indicamos en la imagen y así podrás ver que talla es la que mejor te sentará. Recuerda que son prendas 100% algodón preencogido pero pueden tener alguna pequeña variación tras el primer lavado.

Manga corta unisex

100% Algodón peinado pre-encogido "Ringspun" de 190 gr. • Cubre costuras reforzado en el cuello • Cuello con acabado de canalé elastano • Estilo clásico tubular • Colores con tintes naturales

Manga corta chica

100% Algodón peinado pre-encongido "Ringspun" de 190 gr. • Cubre costuras reforzado en el cuello • Cuello con acabado de canalé elastano • Estilo clásico entallado con costuras laterales • Colores con tintes naturales

Calidades de nuestros productos

Antes de decidir sacar un nuevo producto lo sometemos a todo tipo de pruebas para que tu puedas disfrutarlo el mayor tiempo posible.

Nos preocupamos desde el tipo de algodón de las camisetas, como está producido, la calidad del mismo, el tipo de tintes utilizados y si son ecológicos, la durabilidad de las prendas, el tipo de cerámica para las tazas, como se produce la porcelana, el reciclado de los productos una vez decidas desprenderte de ellos, por eso queremos decirte que para nosotros es importante ofrecerte el mejor producto que podemos fabricar.

56Kbps

24.00

Una camiseta Old Skool que rinde homenaje a los gloriosos días del módem USRobotics y los 56 Kbps, con un mensaje divertido que convierte la nostalgia digital en estilo urbano actual. Ideal para quienes vivieron el dial‑up y para quienes adoran el toque retro‑tech en su armario, es de esas prendas que disparan recuerdos, arrancan sonrisas y funcionan igual de bien en el sofá, en la oficina o en cualquier paseo por la ciudad.

Esta cami­se­ta 56 Kbps es una oda des­ca­ra­da a los días en los que conec­tar­se a Internet era casi un ritual ini­ciá­ti­co, con aquel míti­co módem USRobotics rugien­do en segun­do plano y la pro­me­sa del futu­ro en cada piti­do digi­tal. No es solo una pren­da: es una decla­ra­ción de amor a la era del dial‑up, cuan­do 56 Kbps pare­cían pura cien­cia fic­ción y cada des­car­ga era una peque­ña vic­to­ria per­so­nal.

Imagina ponér­te­la y que alguien, al ver­te pasar, son­ría al recor­dar aque­llas tar­des de chats eter­nos, foros caó­ti­cos y pági­nas que tar­da­ban una vida en car­gar. Esa mez­cla de nos­tal­gia tec­no­ló­gi­ca y humor es pre­ci­sa­men­te lo que hace que esta cami­se­ta fun­cio­ne tan bien como pie­za de esti­lo urbano para el día a día, pero tam­bién como gui­ño per­fec­to en que­da­das fri­kis, even­tos tech o sim­ple­men­te para pasear por la ciu­dad sin­tién­do­te un vete­rano de la vie­ja Red. El men­sa­je jugue­tón del dise­ño con­vier­te una sim­ple refe­ren­cia a los 56 Kbps en una espe­cie de chis­te interno que solo entien­den quie­nes vivie­ron aque­lla tran­si­ción entre el mun­do ana­ló­gi­co y la pri­me­ra gran explo­sión digi­tal.

Detrás de ese aire Old Skool hay toda una cul­tu­ra: noches pega­do al orde­na­dor, BBS, pri­me­ras par­ti­das onli­ne, líneas ocu­pa­das y el eterno “¡cuel­ga, que ten­go que hacer una lla­ma­da!”. Llevarla es casi como lle­var enci­ma un peque­ño museo por­tá­til de la his­to­ria de Internet, pero sin poner­se solem­ne: aquí todo va de iro­nía, buen rollo y ganas de com­par­tir recuer­dos con cual­quie­ra que se acer­que a leer el tex­to de cer­ca. Además, enca­ja tan­to con fans del retro‑computing como con gen­te joven que des­cu­bre aho­ra el encan­to de lo vin­ta­ge digi­tal y quie­re una cami­se­ta ori­gi­nal que se sal­ga de lo típi­co.

Esta pren­da Old Skool invi­ta a con­ver­sa­ción, conec­ta gene­ra­cio­nes y demues­tra que, aun­que hoy mida­mos la vida en gigas y fibra ópti­ca, toda­vía hay sitio para son­reír recor­dan­do cuan­do un sim­ple módem USRobotics nos hacía sen­tir que el futu­ro ya esta­ba aquí. Es ese tipo de cami­se­ta que se con­vier­te en favo­ri­ta sin esfuer­zo: cómo­da, con per­so­na­li­dad y con una his­to­ria que cual­quie­ra pue­de con­tar a su mane­ra, des­de el vete­rano que sobre­vi­vió al dial‑up has­ta quien solo ha oído hablar de ello como una leyen­da urba­na tec­no­ló­gi­ca.