Lofi Girl: de una partida de Warcraft a un sello musical

Hay pro­yec­tos de inter­net que pare­cen haber exis­ti­do siem­pre. Lofi Girl es uno de ellos. Basta abrir YouTube y bus­car músi­ca para estu­diar para encon­trar­se con una joven de dibu­jos ani­ma­dos, auri­cu­la­res gran­des, cua­derno abier­to y un gato jun­to a la ven­ta­na. La esce­na cam­bia muy poco. Esa es pre­ci­sa­men­te la idea.

Detrás de esa ima­gen hay una his­to­ria bas­tan­te menos inmó­vil. El canal nació en 2015 como ChilledCow, crea­do des­de la habi­ta­ción de estu­dian­te de un fran­cés de 31 años que sigue pre­sen­tán­do­se públi­ca­men­te como Dim. Empezó com­par­tien­do la músi­ca que escu­cha­ba mien­tras juga­ba a «World of Warcraft». Once años des­pués, su pro­yec­to roza los 16 millo­nes de sus­crip­to­res en YouTube, tra­ba­ja con cien­tos de músi­cos y ha ter­mi­na­do con­ver­ti­do en sello dis­co­grá­fi­co, estu­dio de ani­ma­ción y peque­ña cons­te­la­ción de pro­yec­tos crea­ti­vos.

De World of Warcraft a una radio que nunca cerraba

La pri­me­ra idea era sen­ci­lla: reu­nir músi­ca tran­qui­la y dejar­la sonar. El sal­to impor­tan­te lle­gó en 2017, cuan­do ChilledCow puso en mar­cha una radio con­ti­nua de lofi hip hop orien­ta­da a estu­diar, tra­ba­jar o rela­jar­se. La emi­sión per­ma­nen­te daba al canal algo pare­ci­do a una pre­sen­cia físi­ca. No había que ele­gir dis­co, artis­ta ni lis­ta: se entra­ba, la músi­ca ya esta­ba sonan­do y al otro lado había miles de per­so­nas hacien­do más o menos lo mis­mo.

El lofi hip hop se pres­ta bien a ese uso. Suele tra­ba­jar con tem­pos len­tos, bases de hip hop, pia­nos, gui­ta­rras y peque­ñas tex­tu­ras que imi­tan gra­ba­cio­nes anti­guas: rui­do de vini­lo, cin­ta, ecos o cier­ta sucie­dad deli­be­ra­da. Lo curio­so es que esa apa­ren­te baja fide­li­dad no impli­ca una pro­duc­ción des­cui­da­da. Muchas de esas imper­fec­cio­nes son intro­du­ci­das cons­cien­te­men­te en gra­ba­cio­nes per­fec­ta­men­te digi­ta­les. Es decir, el soni­do de una cin­ta vie­ja pue­de salir de un orde­na­dor nue­vo.

Tampoco con­vie­ne con­ver­tir­lo en una fór­mu­la cien­tí­fi­ca para con­cen­trar­se. La inves­ti­ga­ción aca­dé­mi­ca sobre el fenó­meno se ha ocu­pa­do más de su cul­tu­ra, sus usos y sus comu­ni­da­des que de demos­trar que escu­char lofi haga estu­diar mejor. Lo que sí está bien docu­men­ta­do es que millo­nes de usua­rios lo han adop­ta­do como músi­ca fun­cio­nal: una ban­da sono­ra que acom­pa­ña sin recla­mar dema­sia­da aten­ción.

Un problema de copyright creó la imagen perfecta

La pri­me­ra gran ima­gen del canal no era suya. ChilledCow uti­li­zó esce­nas de Shizuku Tsukishima, pro­ta­go­nis­ta de «Whisper of the Heart» (1995), del Studio Ghibli. Cuando el estu­dio recla­mó el mate­rial, YouTube sus­pen­dió el canal duran­te tres meses. Dim ha reco­no­ci­do que sabía que no tenía auto­ri­za­ción y que inten­tó lle­gar a un acuer­do sin con­se­guir­lo.

Aquello obli­gó a hacer algo bas­tan­te más sen­sa­to: crear una iden­ti­dad visual pro­pia. Se lan­zó una con­vo­ca­to­ria en escue­las fran­ce­sas de ilus­tra­ción y ani­ma­ción y el tra­ba­jo ele­gi­do fue el de Juan Pablo Machado, estu­dian­te colom­biano de la École Émile Cohl de Lyon.

Machado man­tu­vo la idea bási­ca de una estu­dian­te con­cen­tra­da, pero cons­tru­yó una esce­na nue­va. La chi­ca escri­be fren­te a una ven­ta­na, el gato des­can­sa cer­ca y al fon­do apa­re­ce la Croix-Rousse de Lyon. La ani­ma­ción es míni­ma y fun­cio­na en bucle. No nece­si­ta una narra­ción por­que la acción impor­tan­te ocu­rre fue­ra de la pan­ta­lla: estu­diar, dibu­jar, pro­gra­mar, leer o ter­mi­nar ese infor­me que lle­va dos horas abier­to. La secuen­cia ori­gi­nal dura­ba ape­nas unos vein­te segun­dos antes de vol­ver a empe­zar.

La deci­sión grá­fi­ca ter­mi­nó sien­do tan impor­tan­te como la músi­ca. Lofi Girl —tam­bién cono­ci­da como Jade— se con­vir­tió en un emble­ma visual del géne­ro y de su comu­ni­dad. En 2021, cuan­do ChilledCow cam­bió ofi­cial­men­te su nom­bre por Lofi Girl, el per­so­na­je ya había gana­do la par­ti­da a la mar­ca ori­gi­nal.

Música de fondo, comunidad en primer plano

Durante los con­fi­na­mien­tos de 2020 y 2021, el canal cre­ció con espe­cial rapi­dez. Dim lo atri­bu­ye a un momen­to en el que mucha gen­te bus­ca­ba músi­ca para estu­diar o rela­jar­se des­de casa. En dos años superó los diez millo­nes de sus­crip­to­res. Pero la pan­ta­lla ofre­cía algo más que soni­do. El chat en direc­to con­ver­tía una lis­ta musi­cal en una sala de estu­dio com­par­ti­da.

Ese com­po­nen­te social ha lla­ma­do la aten­ción de varios inves­ti­ga­do­res. Los comen­ta­rios de las comu­ni­da­des lofi duran­te la pan­de­mia mues­tran que estos espa­cios fun­cio­nan tam­bién como luga­res de socia­bi­li­dad onli­ne. No hace fal­ta con­ver­sar con nadie para notar que hay más gen­te tra­ba­jan­do a la vez. Es una biblio­te­ca sin biblio­te­ca­rio y con un rit­mo de bate­ría bas­tan­te agra­da­ble.

La con­ti­nui­dad tam­bién ayu­da. En 2022 una recla­ma­ción fal­sa de copy­right con­si­guió dete­ner tem­po­ral­men­te dos emi­sio­nes. YouTube ter­mi­nó reco­no­cien­do que la denun­cia era abu­si­va y res­tau­ró los vídeos. El epi­so­dio dejó cla­ro has­ta qué pun­to una emi­sión apa­ren­te­men­te sen­ci­lla depen­día de una infra­es­truc­tu­ra bas­tan­te menos rela­ja­da de dere­chos, pla­ta­for­mas y auto­ma­tis­mos.

Hoy el canal man­tie­ne cer­ca de vein­te radios y el mode­lo se ha amplia­do a otros soni­dos. Ya no todo es lofi hip hop: apa­re­cen jazz, piano, ambient, synth­wa­ve e inclu­so hou­se. La habi­ta­ción sigue sien­do reco­no­ci­ble, pero ya no es la úni­ca puer­ta de entra­da.

De canal de YouTube a ecosistema creativo

En 2019 nació la empre­sa y el sello que aca­ba­ría con­vir­tién­do­se en Lofi Records. Según Dim, des­de el ini­cio han cola­bo­ra­do con cer­ca de mil artis­tas y el catá­lo­go supera los 8.000 temas. La empre­sa tie­ne alre­de­dor de trein­ta emplea­dos. En 2024, Warner Chappell Music France fir­mó un acuer­do de admi­nis­tra­ción edi­to­rial con Lofi Records para ges­tio­nar dere­chos y bus­car opor­tu­ni­da­des de sin­cro­ni­za­ción para bue­na par­te de sus artis­tas.

La par­te visual tam­bién se pro­fe­sio­na­li­zó. Lofi Studio, fun­da­do en 2022, pro­du­ce ilus­tra­ción y ani­ma­ción 2D y ha tra­ba­ja­do en pro­yec­tos rela­cio­na­dos con empre­sas como Disney, Ubisoft, Lego o Psyonix. La pro­pia orga­ni­za­ción afir­ma ade­más que su músi­ca, ilus­tra­cio­nes y ani­ma­cio­nes se rea­li­zan con artis­tas huma­nos y no con herra­mien­tas gene­ra­ti­vas de inte­li­gen­cia arti­fi­cial. En un pro­yec­to cuya per­so­na­li­dad depen­de tan­to de peque­ñas deci­sio­nes grá­fi­cas y musi­ca­les, no es un deta­lle menor.

El uni­ver­so tam­bién ha lle­ga­do a los video­jue­gos. Lofi Gaming pre­sen­ta actual­men­te pro­yec­tos como «Spirit City: Lofi Sessions», una mez­cla de espa­cio vir­tual per­so­na­li­za­ble, músi­ca y herra­mien­tas para orga­ni­zar tareas y sesio­nes de con­cen­tra­ción. Es una exten­sión bas­tan­te lógi­ca de algo que empe­zó acom­pa­ñan­do a alguien mien­tras juga­ba.

Dim ha anun­cia­do ade­más la inten­ción de abrir un café en París en 2027. Si final­men­te abre, se pro­du­ci­rá una inver­sión curio­sa: des­pués de pasar años ofre­cien­do a millo­nes de per­so­nas una habi­ta­ción dibu­ja­da don­de tra­ba­jar acom­pa­ña­das, Lofi Girl ten­drá por pri­me­ra vez una habi­ta­ción de ver­dad. Solo que­da com­pro­bar si han pre­vis­to un buen sitio jun­to a la ven­ta­na para el gato.