Cuando la tecnología cuida tu mente

El día que la IA cambió el juego

Hay inven­tos que lle­gan para resol­ver un pro­ble­ma y, de paso, te obli­gan a replan­tear­te cómo fun­cio­na el mun­do. En mar­zo de 2026, un equi­po de inge­nie­ros lon­di­ne­ses ganó el millón de libras del Longitude Prize on Dementia con un dis­po­si­ti­vo que, a pri­me­ra vis­ta, pare­ce un par de gafas cual­quie­ra: mon­tu­ra robus­ta de bor­des negros, cáma­ra inte­gra­da, micró­fono y alta­vo­ces dis­cre­tos. Sin embar­go, cuan­do alguien con demen­cia en fase tem­pra­na se las pone, la habi­ta­ción empie­za a hablar: los obje­tos se iden­ti­fi­can solos, las tareas coti­dia­nas se expli­can paso a paso y una voz tran­qui­la —a la que han bau­ti­za­do Wispy— te acom­pa­ña sin juz­gar­te ni apre­su­rar­te. Así es CrossSense, la tec­no­lo­gía que aca­ba de lle­var­se el galar­dón más impor­tan­te de la inno­va­ción asis­ten­cial en el Reino Unido.

El Longitude Prize es uno de los pre­mios de inno­va­ción con más his­to­ria y pedi­grí del mun­do cien­tí­fi­co. Inspirado en el con­cur­so ori­gi­nal de 1714 —cuan­do el Parlamento bri­tá­ni­co ofre­ció una recom­pen­sa astro­nó­mi­ca a quien resol­vie­ra el pro­ble­ma de la nave­ga­ción en alta mar—, este nue­vo pre­mio se plan­teó en 2022 con un obje­ti­vo igual de ambi­cio­so: desa­rro­llar tec­no­lo­gías que per­mi­tan a las per­so­nas con demen­cia man­te­ner su inde­pen­den­cia en casa duran­te más tiem­po. La con­vo­ca­to­ria, dota­da con 4,4 millo­nes de libras en total, fue finan­cia­da por Alzheimer’s Society e Innovate UK y ges­tio­na­da por Challenge Works, el orga­nis­mo exper­to en pre­mios de inno­va­ción naci­do del think-tank Nesta. Después de tres años de com­pe­ti­ción, dos déca­das de inves­ti­ga­ción acu­mu­la­da y vein­ti­cua­tro equi­pos semi­fi­na­lis­tas que reci­bie­ron 80.000 libras cada uno para desa­rro­llar sus pro­to­ti­pos, CrossSense se alzó con el gran pre­mio.

Un asistente llamado Wispy

El cora­zón del sis­te­ma no está en las gafas, sino en el soft­wa­re. CrossSense es, téc­ni­ca­men­te, una apli­ca­ción de inte­li­gen­cia arti­fi­cial para gafas de reali­dad aumen­ta­da que com­bi­na reco­no­ci­mien­to de obje­tos, pro­ce­sa­mien­to del len­gua­je natu­ral y mode­los de visión-lenguaje en tiem­po real. Lo que el usua­rio per­ci­be, sin embar­go, es mucho más sen­ci­llo: letras flo­tan­tes que apa­re­cen en el cam­po visual para iden­ti­fi­car obje­tos, ins­truc­cio­nes visua­les que se super­po­nen a lo que se está miran­do y una voz cal­ma­da que guía cada paso de las acti­vi­da­des del día. Wispy pue­de recor­dar­te cómo pre­pa­rar una taza de té, expli­car­te para qué sir­ve ese uten­si­lio que tie­nes en la mano o ayu­dar­te a encon­trar las pala­bras correc­tas cuan­do reci­bes visi­ta.

Lo que hace par­ti­cu­lar­men­te intere­san­te a este sis­te­ma es su capa­ci­dad de adap­ta­ción con­ti­nua. A tra­vés de una apli­ca­ción conec­ta­da al móvil, los fami­lia­res o cui­da­do­res pue­den con­fi­gu­rar el nivel de ayu­da que nece­si­ta la per­so­na usua­ria, y Wispy uti­li­za apren­di­za­je auto­má­ti­co para ajus­tar­se a medi­da que la con­di­ción evo­lu­cio­na. Además, el sis­te­ma incor­po­ra prin­ci­pios de sines­te­sia —la capa­ci­dad neu­ro­ló­gi­ca de aso­ciar infor­ma­ción de dis­tin­tos sen­ti­dos— para refor­zar los recuer­dos median­te com­bi­na­cio­nes de colo­res, for­mas y soni­dos per­so­na­li­za­dos. Un obje­to impor­tan­te, por ejem­plo, pue­de que­dar codi­fi­ca­do con el color favo­ri­to de un fami­liar, de modo que la men­te esta­blez­ca una cone­xión doble entre el obje­to y el recuer­do. Según la inves­ti­ga­do­ra de la Universidad de Sussex Julia Simner, que lide­ró la par­te cien­tí­fi­ca del pro­yec­to, esto podría inclu­so «crear nue­vas rutas en el cere­bro» y con­tri­buir a ralen­ti­zar el dete­rio­ro cog­ni­ti­vo.

Los números que importan

La demen­cia no es una enfer­me­dad del futu­ro; es una cri­sis del pre­sen­te que va a empeo­rar de for­ma dra­má­ti­ca en las pró­xi­mas déca­das. Según datos publi­ca­dos en la revis­ta The Lancet Public Health, se esti­ma que en 2019 había 57,4 millo­nes de per­so­nas con algún tipo de demen­cia en el mun­do. Para 2050, esa cifra podría tri­pli­car­se has­ta alcan­zar los 153 millo­nes. La enfer­me­dad ya es la sép­ti­ma cau­sa de muer­te en el pla­ne­ta y una de las prin­ci­pa­les fuen­tes de dis­ca­pa­ci­dad entre las per­so­nas mayo­res. En el Reino Unido, don­de CrossSense comen­za­rá a comer­cia­li­zar­se, se pre­vé que el núme­ro de per­so­nas afec­ta­das lle­gue a 1,4 millo­nes en 2040.

Los resul­ta­dos pre­li­mi­na­res del estu­dio con usua­rios reales son, cuan­do menos, lla­ma­ti­vos. La pro­fe­so­ra Simner eva­luó el sis­te­ma con 23 pare­jas for­ma­das por una per­so­na con demen­cia y su cui­da­dor. Sin las gafas, los par­ti­ci­pan­tes con demen­cia iden­ti­fi­ca­ban correc­ta­men­te solo el 46% de los obje­tos del hogar; con las gafas pues­tas, ese por­cen­ta­je subía al 82%. Pero lo más sor­pren­den­te fue lo que ocu­rrió des­pués: una hora tras qui­tar­se las gafas, la tasa de acier­tos se man­te­nía en un 78%, lo que sugie­re que el dis­po­si­ti­vo no se limi­ta a sus­ti­tuir la memo­ria, sino que pare­ce refor­zar­la. Tres de cada cua­tro par­ti­ci­pan­tes afir­ma­ron, ade­más, que su cali­dad de vida había mejo­ra­do de for­ma con­si­de­ra­ble. El pro­pio estu­dio reco­no­ce que aún no ha pasa­do la revi­sión por pares, pero los resul­ta­dos pre­li­mi­na­res han sido sufi­cien­te­men­te sóli­dos como para con­ven­cer a un jura­do inter­na­cio­nal inde­pen­dien­te.

Tecnología al alcance de la mano

Las gafas de CrossSense son, deli­be­ra­da­men­te, dis­cre­tas. Los crea­do­res han que­ri­do que no lla­men la aten­ción en públi­co ni mar­quen visual­men­te a quien las lle­va, algo que cual­quier per­so­na en esa situa­ción agra­de­ce. Son com­pa­ti­bles con len­tes gra­dua­das y con audí­fo­nos, y fun­cio­nan duran­te una hora con la bate­ría inte­gra­da, aun­que un ban­co de ener­gía por­tá­til per­mi­te ampliar ese tiem­po a lo lar­go del día. La empre­sa tra­ba­ja con dis­tin­tos fabri­can­tes de hard­wa­re para pro­du­cir los mar­cos, lo que abre la puer­ta a varios mode­los y dise­ños en el futu­ro. El pre­cio esti­ma­do de la sus­crip­ción al ser­vi­cio ron­da­rá las 50 libras al mes, y las gafas podrían lle­gar a cos­tar has­ta 1.000 libras, aun­que el CEO de CrossSense, Szczepan Orlins, con­fía en que el pre­cio baje con el tiem­po.

El calen­da­rio de lan­za­mien­to es ambi­cio­so pero con­cre­to: antes de que aca­be 2026, la empre­sa publi­ca­rá una ver­sión para smartpho­ne; en el últi­mo tri­mes­tre del año rea­li­za­rá un pilo­to de cua­tro sema­nas en hoga­res reales, y a prin­ci­pios de 2027 esta­rá dis­po­ni­ble la ver­sión com­ple­ta con gafas inte­li­gen­tes. Inicialmente se ven­de­rán direc­ta­men­te al con­su­mi­dor, pero el equi­po tie­ne pues­ta la mira­da en el sis­te­ma de salud públi­co: el plan a lar­go pla­zo es que CrossSense sea acce­si­ble a tra­vés del NHS, auto­ri­da­des loca­les y clí­ni­cas de memo­ria, para que no sea solo una solu­ción para quie­nes pue­dan per­mi­tír­se­la eco­nó­mi­ca­men­te. Fiona Carragher, direc­to­ra de Política e Investigación de Alzheimer’s Society, lo resu­mía así: «Los rápi­dos avan­ces en IA darán a las per­so­nas con demen­cia en fase tem­pra­na la opor­tu­ni­dad de per­ma­ne­cer en sus hoga­res de for­ma segu­ra duran­te más tiem­po y lle­var vidas más inde­pen­dien­tes y ple­nas».

La IA como compañera, no como sustituto

Hay una tram­pa con­cep­tual en la que es fácil caer cuan­do se habla de tec­no­lo­gía asis­ten­cial: ima­gi­nar que la máqui­na reem­pla­za al cui­da­dor humano, cuan­do en reali­dad lo que hace es com­ple­men­tar­lo. CrossSense no pre­ten­de sus­ti­tuir el afec­to de un fami­liar ni la pro­fe­sio­na­li­dad de un cui­da­dor; lo que bus­ca es redu­cir la pre­sión sobre ambos al dar a la per­so­na con demen­cia más momen­tos de auto­no­mía real y efec­ti­va. Cuando alguien pue­de pre­pa­rar­se el desa­yuno sin pedir ayu­da, cuan­do pue­de hablar con un ami­go sin blo­quear­se bus­can­do pala­bras o cuan­do pue­de des­en­vol­ver­se en su pro­pia coci­na sin sen­tir mie­do, eso no es solo como­di­dad: es dig­ni­dad. Y la dig­ni­dad es, pro­ba­ble­men­te, el bien más esca­so en el cui­da­do de lar­ga dura­ción.

El mode­lo de inte­li­gen­cia arti­fi­cial que sub­ya­ce a Wispy está cons­trui­do sobre sis­te­mas de códi­go abier­to y des­ple­ga­do median­te OpenXR en hard­wa­re de digiLens Argo y NTT QONOQ MiRZA, con sopor­te del pro­gra­ma NVIDIA Inception para esca­lar el ren­di­mien­to. Esto impli­ca que el sis­te­ma no depen­de de un úni­co pro­vee­dor de hard­wa­re, lo que faci­li­ta su adap­ta­ción a dife­ren­tes con­tex­tos y mer­ca­dos. A medi­da que los mode­los de len­gua­je y visión mejo­ren —y lo harán rápi­do—, CrossSense podrá ofre­cer una asis­ten­cia cada vez más mati­za­da y per­so­na­li­za­da. La revi­sión de alcan­ce publi­ca­da en el Journal of Medical Internet Research (JMIR) en 2026 con­fir­ma­ba que las gafas con IA mues­tran resul­ta­dos pro­me­te­do­res para mejo­rar la cali­dad de vida, la auto­no­mía y las inter­ac­cio­nes socia­les de las per­so­nas mayo­res, aun­que tam­bién iden­ti­fi­ca­ba retos pen­dien­tes: pro­tec­ción de datos, pre­cio ele­va­do y fal­ta de com­pa­ti­bi­li­dad con gafas gra­dua­das con­ven­cio­na­les, algo que CrossSense ha resuel­to direc­ta­men­te en su dise­ño.