Cinco castores contra las inundaciones

En Paradise Fields hay una ofi­ci­na de inge­nie­ría bas­tan­te pecu­liar. No tie­ne pla­nos, reunio­nes ni máqui­nas exca­va­do­ras. Sus tra­ba­ja­do­res pesan has­ta unas pocas dece­nas de kilos, lle­van inci­si­vos de cre­ci­mien­to con­ti­nuo y pre­fie­ren el turno de noche. En octu­bre de 2023, una fami­lia de cin­co cas­to­res euro­asiá­ti­cos fue libe­ra­da en este espa­cio húme­do de Greenford, al oes­te de Londres. Su misión huma­na era ambi­cio­sa: recu­pe­rar un eco­sis­te­ma degra­da­do y com­pro­bar si podían ayu­dar con un pro­ble­ma muy urbano, las inun­da­cio­nes.

La zona alre­de­dor de la esta­ción de Greenford sufría epi­so­dios recu­rren­tes de agua acu­mu­la­da duran­te llu­vias inten­sas. Paradise Fields, un espa­cio de unas diez hec­tá­reas atra­ve­sa­do por Costons Brook, ya había sido seña­la­do para cos­to­sas obras de inge­nie­ría. El Ealing Beaver Project pro­pu­so otra posi­bi­li­dad: dejar que los cas­to­res hicie­ran lo que lle­van miles de años hacien­do. Pocos meses des­pués de lle­gar habían levan­ta­do cin­co pre­sas, rete­ni­do más agua den­tro del hume­dal y ralen­ti­za­do su sali­da hacia las calles situa­das aguas aba­jo.

La his­to­ria tie­ne algo de come­dia de ofi­ci­na: los huma­nos pre­pa­ra­ron el terreno y los cas­to­res redi­se­ña­ron el pro­yec­to. Incluso des­mon­ta­ron una pre­sa cons­trui­da por volun­ta­rios y levan­ta­ron otra a su mane­ra. Pero detrás del chis­te hay una idea cada vez más seria en la ges­tión del agua: a veces la mejor infra­es­truc­tu­ra no se cons­tru­ye con hor­mi­gón.

Una presa que no intenta parar el río

Una pre­sa de cas­tor no fun­cio­na como una gran barre­ra impermea­ble. Está hecha de ramas, tron­cos, barro, vege­ta­ción y todo aque­llo que sus cons­truc­to­res con­si­de­ran apro­ve­cha­ble. El agua pue­de atra­ve­sar­la, rebo­sar­la o fil­trar­se entre sus mate­ria­les. Lo impor­tan­te es que lo hace más des­pa­cio.

Los cas­to­res tam­po­co cons­tru­yen pre­sas para pro­te­ger esta­cio­nes de metro. Lo hacen para crear zonas de agua sufi­cien­te­men­te pro­fun­das en las que pue­dan mover­se con segu­ri­dad, acce­der a su refu­gio y esca­par de ame­na­zas. Si el nivel baja, aña­den mate­rial. Si algo se rom­pe, repa­ran. Si nece­si­tan modi­fi­car el flu­jo, modi­fi­can la pre­sa. El resul­ta­do es un sis­te­ma que cam­bia con­ti­nua­men­te.

Ese com­por­ta­mien­to alte­ra el reco­rri­do del agua. Parte que­da alma­ce­na­da en char­cas y zonas enchar­ca­das, otra se extien­de por el sue­lo y otra tar­da más en con­ti­nuar río aba­jo. En una tor­men­ta, ganar tiem­po pue­de ser deci­si­vo: el cau­dal máxi­mo lle­ga más tar­de y pue­de hacer­lo con menos fuer­za.

No es solo una impre­sión visual. Un estu­dio de la Universidad de Exeter que ana­li­zó más de mil epi­so­dios de tor­men­ta en cua­tro luga­res de Inglaterra encon­tró reduc­cio­nes de los picos de cau­dal des­pués de la cons­truc­ción de pre­sas de cas­tor. En algu­nos casos, la ate­nua­ción media de los flu­jos de ave­ni­da alcan­zó apro­xi­ma­da­men­te el 60 %. Eso no sig­ni­fi­ca que cual­quier gru­po de cas­to­res reduz­ca cual­quier inun­da­ción en un 60 %, pero sí con­fir­ma que su inge­nie­ría pue­de for­mar par­te de la ges­tión natu­ral de inun­da­cio­nes.

De un arroyo a un humedal lleno de vecinos

Cuando una pre­sa ele­va el agua, el cam­bio no ter­mi­na en la hidro­lo­gía. Aparecen peque­ñas lagu­nas, ori­llas emba­rra­das, made­ra muer­ta, zonas some­ras y rin­co­nes con dis­tin­tas pro­fun­di­da­des. Para muchos ani­ma­les y plan­tas, esa mez­cla equi­va­le a abrir un barrio nue­vo.

En Paradise Fields ya se han obser­va­do peces, rena­cua­jos, sapos, cama­ro­nes de agua dul­ce, libé­lu­las, caba­lli­tos del dia­blo, mari­po­sas y nue­vas espe­cies de aves aso­cia­das al espa­cio trans­for­ma­do. El pro­yec­to infor­mó en 2026 de cua­tro nue­vas espe­cies regis­tra­das en once meses y de al menos cator­ce espe­cies de mari­po­sas duran­te un solo mes. No todos esos ani­ma­les depen­den exclu­si­va­men­te de los cas­to­res, pero las nue­vas con­di­cio­nes crea­das por sus pre­sas mul­ti­pli­can los luga­res don­de ali­men­tar­se, repro­du­cir­se o refu­giar­se.

La inves­ti­ga­ción rea­li­za­da en otros hume­da­les ayu­da a enten­der por qué. Un tra­ba­jo publi­ca­do en «Diversity and Distributions» com­pa­ró vein­te hume­da­les del centro-sur de Suecia y encon­tró una mayor rique­za regio­nal de plan­tas y esca­ra­ba­jos acuá­ti­cos en las char­cas crea­das por cas­to­res. Los auto­res insis­tían, ade­más, en una pre­cau­ción impor­tan­te: los efec­tos varían según el lugar y el gru­po de orga­nis­mos estu­dia­do.

Esa varie­dad es par­te del talen­to del cas­tor. No fabri­ca un hábi­tat per­fec­to y ter­mi­na­do. Fabrica irre­gu­la­ri­da­des. Corta árbo­les, abre cana­les, inun­da unos pun­tos, deja otros secos y acu­mu­la made­ra. Justo esa fal­ta de uni­for­mi­dad crea opor­tu­ni­da­des para espe­cies dife­ren­tes.

Cuando la naturaleza entra en el departamento de obras

La prue­ba más visi­ble de Ealing está unos cien­tos de metros aguas aba­jo. Citizen Zoo afir­ma que la esta­ción de Greenford ha per­ma­ne­ci­do libre de inun­da­cio­nes inclu­so duran­te perio­dos de llu­via inten­sa des­de que el hume­dal comen­zó a trans­for­mar­se. La Greater London Authority tam­bién ha des­cri­to el pro­yec­to como una actua­ción que ha ali­via­do el ries­go de inun­da­ción en la esta­ción.

Conviene no con­ver­tir a los cas­to­res en super­hé­roes con cola pla­na. Sus pre­sas no sus­ti­tu­yen alcan­ta­ri­lla­dos, dre­na­jes, defen­sas flu­via­les ni una bue­na pla­ni­fi­ca­ción urba­na. Su efec­to depen­de del tama­ño del cau­ce, la pen­dien­te, el espa­cio dis­po­ni­ble para alma­ce­nar agua, el núme­ro de pre­sas y la inten­si­dad de las llu­vias. Además, los cas­to­res pue­den inun­dar terre­nos don­de no intere­sa hacer­lo, talar árbo­les apre­cia­dos o blo­quear deter­mi­na­dos pasos de agua. La con­vi­ven­cia tam­bién nece­si­ta ges­tión. La pro­pia inves­ti­ga­ción hidro­ló­gi­ca mues­tra dife­ren­cias entre luga­res y esta­cio­nes, así que los resul­ta­dos no pue­den tras­la­dar­se auto­má­ti­ca­men­te de un río a otro.

Precisamente por eso resul­ta intere­san­te que la Environment Agency inclu­ye­ra en su actua­li­za­ción publi­ca­da en 2025 sobre ges­tión natu­ral de inun­da­cio­nes un apar­ta­do espe­cí­fi­co dedi­ca­do a los cas­to­res. No se pre­sen­tan como una solu­ción uni­ver­sal, sino como una herra­mien­ta más den­tro de una estra­te­gia que tam­bién pue­de incluir res­tau­ra­ción de ríos, hume­da­les, bos­ques de ribe­ra o barre­ras permea­bles.

Hay una dife­ren­cia impor­tan­te: una infra­es­truc­tu­ra con­ven­cio­nal se dise­ña para per­ma­ne­cer más o menos igual. Un cas­tor obser­va el agua —a su mane­ra— y sigue tra­ba­jan­do. Mantiene, amplía, des­mon­ta y recons­tru­ye. El sis­te­ma se adap­ta por­que sus res­pon­sa­bles siguen vivien­do den­tro de él.

Cinco castores que ya no son cinco

La plan­ti­lla ori­gi­nal de Paradise Fields esta­ba for­ma­da por cin­co ani­ma­les. En 2024 nacie­ron al menos dos crías, las pri­me­ras regis­tra­das en el Londres urbano en más de cua­tro siglos. El pro­yec­to dejó de ser sola­men­te un expe­ri­men­to sobre inun­da­cio­nes para con­ver­tir­se tam­bién en una prue­ba de con­vi­ven­cia entre fau­na sal­va­je y una de las ciu­da­des más den­sas de Europa.

Y qui­zá ahí esté lo más atrac­ti­vo de la his­to­ria. Los cas­to­res no reci­bie­ron ins­truc­cio­nes para crear bio­di­ver­si­dad, alma­ce­nar agua o aho­rrar futu­ras obras. Simplemente encon­tra­ron un arro­yo y lo adap­ta­ron a sus nece­si­da­des. Los huma­nos lle­va­mos des­pués nues­tras cáma­ras, sen­so­res, mode­los hidro­ló­gi­cos y hojas de cálcu­lo para medir las con­se­cuen­cias.

En Greenford, por aho­ra, esas con­se­cuen­cias son bas­tan­te fáci­les de ver: más agua rete­ni­da don­de pue­de hacer menos daño, un hume­dal más com­ple­jo y una esta­ción que ha deja­do de inun­dar­se con la fre­cuen­cia habi­tual. No es poca cosa para un equi­po cuyo prin­ci­pal mate­rial de cons­truc­ción son ramas mor­dis­quea­das.


Camiseta Dam Crew

Cinco cas­to­res, unas cuan­tas ramas y una lec­ción magis­tral de inge­nie­ría natu­ral. Dam Crew con­vier­te ese impro­ba­ble equi­po de obra en una cami­se­ta para quie­nes dis­fru­tan de los dise­ños con his­to­ria, humor y algo de cien­cia detrás. Una pre­sa, cin­co espe­cia­lis­tas y un tra­ba­jo bien hecho. Ahora solo fal­ta des­cu­brir quién man­da real­men­te en la obra.