El mayor avión eléctrico a batería ya ha volado

El 12 de agos­to de 2026, a pri­me­ra hora, un avión blan­co de cua­tro moto­res eléc­tri­cos des­pe­gó del aero­puer­to inter­na­cio­nal de Plattsburgh, en el esta­do de Nueva York. No lle­va­ba pasa­je­ros y tam­po­co pre­ten­día lle­gar muy lejos. Era el X1 de Heart Aerospace, un demos­tra­dor de tama­ño real con­ce­bi­do para com­pro­bar si un sis­te­ma de pro­pul­sión ali­men­ta­do úni­ca­men­te por bate­rías podía mover un apa­ra­to con dimen­sio­nes cer­ca­nas a las de un avión regio­nal.

El resul­ta­do: 27 minu­tos de vue­lo, 335 metros de altu­ra máxi­ma sobre el terreno y más de un mega­va­tio de poten­cia entre­ga­do por el sis­te­ma eléc­tri­co. El X1 tie­ne 32,3 metros de enver­ga­du­ra, mide 23,2 metros de lar­go y des­pe­gó con más de 11,3 tone­la­das. Heart Aerospace lo pre­sen­ta como el mayor avión exclu­si­va­men­te eléc­tri­co a bate­ría que ha vola­do has­ta aho­ra. Y aña­dió un dato irre­sis­ti­ble para cual­quier titu­lar: la elec­tri­ci­dad con­su­mi­da duran­te la prue­ba cos­tó apro­xi­ma­da­men­te cin­co dóla­res.

Un avión regional de tamaño real

El X1 no es el futu­ro avión que Heart Aerospace quie­re ven­der a las aero­lí­neas. Es un ban­co de prue­bas con alas. Su tra­ba­jo con­sis­te en poner jun­tos, a esca­la real, bate­rías, elec­tró­ni­ca de poten­cia, moto­res, con­tro­les de vue­lo, avió­ni­ca y estruc­tu­ra. En avia­ción, con­se­guir que todo eso fun­cio­ne como un úni­co sis­te­ma es una par­te impor­tan­te del pro­ble­ma.

El apa­ra­to uti­li­za cua­tro moto­res eléc­tri­cos mon­ta­dos en las alas. Para su cam­pa­ña ini­cial, Heart ha limi­ta­do deli­be­ra­da­men­te su envol­ven­te de vue­lo: la velo­ci­dad que no debe supe­rar­se está fija­da en 140 nudos, unos 259 km/h, y la altu­ra máxi­ma de prue­bas es de 2.000 pies sobre el terreno, unos 610 metros. El pri­mer vue­lo se man­tu­vo bas­tan­te por deba­jo de ambos lími­tes.

La prue­ba se reali­zó con un Certificado Especial de Aeronavegabilidad de la FAA en cate­go­ría expe­ri­men­tal. El plan inclu­yó roda­je, des­pe­gue, ascen­so, manio­bras y ate­rri­za­je. No es una ruta comer­cial, pero sí el con­jun­to bási­co de tareas que per­mi­te empe­zar a reco­ger datos reales. El regis­tro de la FAA iden­ti­fi­ca ade­más al X1 como un avión mul­ti­mo­tor con pro­pul­sión eléc­tri­ca.

Heart Aerospace nació en Gotemburgo en 2018. Su pri­mer con­cep­to tenía 19 pla­zas y más tar­de evo­lu­cio­nó hacia el ES-30 de 30 asien­tos. En 2025 la empre­sa tras­la­dó su sede a Los Ángeles. El X1 es el paso inter­me­dio entre los dise­ños sobre pan­ta­lla y un futu­ro avión cer­ti­fi­ca­do.

Los cinco dólares cuentan, pero no todo

Que un avión de más de once tone­la­das per­ma­nez­ca 27 minu­tos en el aire uti­li­zan­do unos cin­co dóla­res de elec­tri­ci­dad es un dato lla­ma­ti­vo. También nece­si­ta con­tex­to. Heart Aerospace no ha publi­ca­do jun­to a esa cifra el con­su­mo exac­to en kilo­va­tios hora de la prue­ba, así que no con­vie­ne con­ver­tir­la en una com­pa­ra­ción ener­gé­ti­ca dema­sia­do pre­ci­sa.

Sobre todo, el pre­cio de la elec­tri­ci­dad no equi­va­le al cos­te de ope­rar un vue­lo. Una aero­lí­nea ten­dría que sumar amor­ti­za­ción del avión y de sus bate­rías, per­so­nal, man­te­ni­mien­to, segu­ros, tasas aero­por­tua­rias, infra­es­truc­tu­ra de recar­ga y tiem­po en tie­rra. La prue­ba demues­tra que la ener­gía eléc­tri­ca pue­de ser bara­ta fren­te al com­bus­ti­ble aero­náu­ti­co; no demues­tra que un bille­te vaya a cos­tar unos pocos euros.

Aun así, el dato intere­sa. Los moto­res eléc­tri­cos tie­nen menos par­tes móvi­les que una tur­bi­na y pue­den redu­cir algu­nas tareas de man­te­ni­mien­to. Heart cal­cu­la que su futu­ro ES-30 podría reba­jar en más de un 40 % los cos­tes direc­tos de ope­ra­ción fren­te a avio­nes regio­na­les anti­guos, aun­que por aho­ra es una pro­yec­ción del fabri­can­te.

En el apar­ta­do ambien­tal ocu­rre algo pare­ci­do. Durante un tra­mo pura­men­te eléc­tri­co no hay emi­sio­nes direc­tas de CO₂ pro­ce­den­tes de la com­bus­tión. Eso no con­vier­te al avión en “cero emi­sio­nes”: la fabri­ca­ción de las bate­rías y el ori­gen de la elec­tri­ci­dad tam­bién cuen­tan. Estudios sobre avia­ción eléc­tri­ca recuer­dan que el bene­fi­cio cli­má­ti­co depen­de, entre otras cosas, de la inten­si­dad de car­bono de la red.

El problema sigue pesando: las baterías

En un avión, cada kilo­gra­mo impor­ta. El que­ro­seno tie­ne una den­si­dad ener­gé­ti­ca muy alta y, ade­más, el apa­ra­to va per­dien­do peso con­for­me lo con­su­me. Una bate­ría sigue pesan­do prác­ti­ca­men­te lo mis­mo al des­pe­gar y al ate­rri­zar.

Por eso la den­si­dad ener­gé­ti­ca útil es una de las gran­des res­tric­cio­nes del vue­lo eléc­tri­co. Un tra­ba­jo publi­ca­do en Nature en 2022 esti­ma­ba que paque­tes cer­ca­nos a 600 Wh/kg podrían abrir posi­bi­li­da­des impor­tan­tes para la avia­ción a bate­ría. Estudios de la NASA sobre avio­nes regio­na­les lle­gan a cifras simi­la­res o supe­rio­res según la dis­tan­cia y el núme­ro de pasa­je­ros. La tec­no­lo­gía actual toda­vía obli­ga a ele­gir con cui­da­do qué rutas tie­nen sen­ti­do.

El X1 no resuel­ve esa limi­ta­ción. Lo que demues­tra es que una arqui­tec­tu­ra eléc­tri­ca de más de un mega­va­tio pue­de inte­grar­se en un avión de tama­ño regio­nal y volar de for­ma con­tro­la­da. Es un pro­ble­ma dis­tin­to al de con­se­guir auto­no­mía sufi­cien­te, pero había que resol­ver­lo igual­men­te.

También expli­ca por qué el siguien­te avión de Heart no será com­ple­ta­men­te eléc­tri­co en todos sus vue­los. La empre­sa ha opta­do por una solu­ción híbri­da que apro­ve­cha las bate­rías don­de resul­tan úti­les y con­ser­va una fuen­te adi­cio­nal de ener­gía para ampliar el alcan­ce. Menos espec­ta­cu­lar que pro­me­ter vue­los trans­atlán­ti­cos a bate­ría, pero bas­tan­te más com­pa­ti­ble con lo que hoy per­mi­ten los acu­mu­la­do­res.

El verdadero objetivo se llama ES-30

El ES-30 será un avión regio­nal de 30 pla­zas. Heart publi­ca para él una auto­no­mía de 200 kiló­me­tros en modo com­ple­ta­men­te eléc­tri­co y has­ta 800 kiló­me­tros uti­li­zan­do el sis­te­ma híbri­do. También habla de una recar­ga de unos 30 minu­tos. Son cifras de dise­ño, no pres­ta­cio­nes cer­ti­fi­ca­das: el pri­mer apa­ra­to de pre­pro­duc­ción se está cons­tru­yen­do en Los Ángeles y la empre­sa pre­vé empe­zar las prue­bas de vue­lo en 2028, con la cer­ti­fi­ca­ción como obje­ti­vo para 2031.

Ese plan­tea­mien­to ayu­da a enten­der dón­de pue­de tener sen­ti­do la avia­ción eléc­tri­ca antes que en otros luga­res. No se tra­ta de sus­ti­tuir maña­na un gran avión que cru­za un océano. El obje­ti­vo son tra­yec­tos regio­na­les, dis­tan­cias rela­ti­va­men­te cor­tas y aero­puer­tos secun­da­rios don­de un apa­ra­to de trein­ta pla­zas pue­da enca­jar mejor que uno mucho mayor.

Heart ya cuen­ta con com­pro­mi­sos comer­cia­les de com­pa­ñías como United Airlines, Air Canada y JSX. Eso apor­ta inte­rés indus­trial al pro­yec­to, pero toda­vía que­da una cade­na lar­ga de prue­bas, cer­ti­fi­ca­cio­nes y deci­sio­nes eco­nó­mi­cas antes de ver pasa­je­ros a bor­do.

La infra­es­truc­tu­ra será otra pie­za impor­tan­te. Un estu­dio recien­te de la NASA sobre aero­puer­tos como nodos ener­gé­ti­cos advier­te que una adop­ción amplia de avio­nes eléc­tri­cos podría ele­var mucho la deman­da de poten­cia en deter­mi­na­dos aeró­dro­mos. Cargar un avión no es enchu­far un móvil más gran­de: requie­re red eléc­tri­ca, ges­tión de picos y pro­ce­di­mien­tos com­pa­ti­bles con tiem­pos de esca­la muy ajus­ta­dos.

El pri­mer vue­lo del X1 no sig­ni­fi­ca que el avión eléc­tri­co comer­cial esté resuel­to. Deja una prue­ba útil: más de once tone­la­das de avión, cua­tro moto­res, bate­rías y 27 minu­tos de vue­lo real. A par­tir de aquí, las pre­gun­tas son cuán­to podrá trans­por­tar, has­ta dón­de y a qué cos­te cuan­do haya que hacer­lo varias veces al día.

Del Mach 2 al megavatio

El Concorde y el X1 pare­cen repre­sen­tar dos momen­tos casi opues­tos de la his­to­ria de la avia­ción. El pri­me­ro con­vir­tió la velo­ci­dad en su prin­ci­pal argu­men­to téc­ni­co: volar por enci­ma de Mach 2 y redu­cir drás­ti­ca­men­te el tiem­po de un via­je trans­atlán­ti­co. El segun­do no bus­ca lle­gar antes, sino com­pro­bar has­ta dón­de pue­de lle­var­nos una arqui­tec­tu­ra eléc­tri­ca en un avión de tama­ño regio­nal. Entre ambos hay déca­das de avan­ces en mate­ria­les, elec­tró­ni­ca, aero­di­ná­mi­ca, moto­res y con­trol de vue­lo. La tec­no­lo­gía aero­náu­ti­ca no siem­pre pro­gre­sa en una sola direc­ción: unas veces per­si­gue velo­ci­dad; otras, auto­no­mía, efi­cien­cia, rui­do redu­ci­do o menor con­su­mo. El obje­ti­vo cam­bia, pero la inge­nie­ría sigue obli­gan­do a hacer lo mis­mo de siem­pre: encon­trar el mejor equi­li­brio posi­ble entre peso, ener­gía y pres­ta­cio­nes.